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Publicada: Domingo 06 de Abril, 2025

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 8, 1-11

 


Domingo 6 de abril

Jesús fue al monte de los Olivos. Al amanecer volvió al Templo, y todo el pueblo acudía a Él. Entonces se sentó y comenzó a enseñarles.

Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio de todos, dijeron a Jesús: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y Tú, ¿qué dices?” Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo. Como insistían, se enderezó y les dijo: “Aquél de ustedes que no tenga pecado, que arroje la primera piedra”. E inclinándose nuevamente, siguió escribiendo en el suelo.

Al oír estas palabras, todos se retiraron, uno tras otro, comenzando por los más ancianos. Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí, e incorporándose, le preguntó: “Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Nadie te ha condenado?” Ella le respondió: “Nadie, Señor” . “Yo tampoco te condeno -le dijo Jesús-. Vete, no peques más en adelante”.

Palabra del Señor

 

Te invitamos a meditar este Evangelio en palabras del fraile dominico, Raisel Matanzas Pomares del Convento de San Juan de Letrán, La Habana, Cuba.

Al igual que la mujer adúltera, Jesús nos mira con ojos de misericordia frente a nuestros pecados. Es muy llamativo que Jesús perdona a esta mujer sin ninguna exigencia o condición. Será el amor de sentirse perdonada y acogida por Dios la que le lleve a la auténtica conversión del corazón.

En el tiempo de cuaresma se propicia el sacramento de la reconciliación. Dios nos espera con los brazos abiertos como al hijo pródigo para perdonarnos y restablecer los lazos de comunión con Él, con nosotros, con la Iglesia. Muchas veces la tendencia en la vida es a que si se está en situación de pecado me alejo de Dios, abandono la oración, no participo de la celebración dominical…. Se pone distancia entre el Creador, lo creado y las criaturas. A veces sin caer en la cuenta de que se abre más la brecha de la ruptura de la comunión con Dios, caminamos de espaldas a Él.

Dios nos llena de oportunidades, abre siempre para nosotros un horizonte mayor. En efecto, esta es nuestra experiencia al salir de cada confesión en la que Dios nos dirige la palabra y nos exhorta: —«Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más».

Por eso, cada uno de nosotros puede dar testimonio de esta consolación en su vida. Y seguir cantando con el salmista “El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres”.

¿Cómo te sitúas ante el pecado de los demás? ¿Sueles condenar, enjuiciar, sin misericordia? ¿Guardas piedras para arrojarlas cuando se te presenta la menor oportunidad de la crítica con cizaña?

¿Me acerco al sacramento de la reconciliación cada vez que rompo la comunión con Dios? ¿O tiendo en mi situación de pecado a apartarme de Dios y de la Iglesia?

¿Manifiesto la alegría de Dios en mi vida? ¿Doy testimonio de la misericordia que Dios ha tenido conmigo y con mis hermanos?




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